Sábado noche.

Eran las diez y fue a buscarle a su casa.
-Venga, anímate Otis. Estaremos los de siempre. Esta noche.
-Paso.
-¿Y eso? ¿Pasa algo?
-Es que no quiero. Eso es todo.
-¡Vamos hombre! Ni que fuese la primera vez que sales de botellón con nosotros.
-Si no tiene nada que ver con vosotros. Sois buena gente, de veras... es sólo que antes me gustaba y ahora no.
-No te entiendo. ¿Qué ha cambiado del antes al ahora?
-Te lo diría, pero de todos modos no te importa.
-Está bien, olvida esto último. Pero no me digas que no te apetece ni un poquito... ¡que nos conocemos!
-Te repito que no... y no nos conocemos tanto, ¿eh? Que aparte de ir juntos de juerga, nada de nada...
-Joder, qué difícil me lo pones. ¿Nos vas a dejar en la estacada?
-Eso me temo.
-Pues yo no me lo creo. ¡Maldita sea, no quiero creérmelo!
-Bueno, ése es tu problema, no el mío. Y no sé porqué te pones así. Sois ya muchos, ¿qué más da si falta uno?
-¡Es que eres el alma de la fiesta! Oye, va, por última vez, ¿vienes o no? No puedo perder más tiempo. Hemos quedado en la plaza dentro de media hora.
-Te estoy diciendo que no, ¿eres sordo o qué?
Silencio.
-Mira, una razón. Dame una buena razón y te dejaré en paz.
-Sólo déjame en paz, ¿vale? Además, has dicho que no querías perder el tiempo, ¿no? Pues eso, ya tardas en largarte.
-Es que no quiero que después te arrepientas de algo que no has hecho y que en realidad tenías muchas ganas de hacer.
-¡Vaya! ¿Cómo demonios sabes lo que quiero y lo que no quiero hacer? ¿Eres adivino o algo así?
-A mí no me engañas. Se te ve a la legua que lo estás deseando. Si nunca te has negado a una noche de juerga con tus amigos...
-¡Lo que me faltaba por oír! Escucha, y escúchame bien. Quítate la cera de los oídos o lee mis labios: no-voy-a-ir. Saldré por mi cuenta.
-¿Y cómo puedo convercerte? En serio, dímelo. Haré lo que sea.
-¡Qué cabezón eres! ¿Porqué no te pierdes y me dejas tranquilo?
-Te dejaría tranquilo si estuviese seguro de lo que dices. Pero ni tú mismo lo estás, reconócelo. Beber en la plaza y luego seguir la juerga toda la noche... tío, es un plan demasiado bueno.
-¿Que no estoy seguro, dices? Llevo más de dos minutos diciéndote que no. Creo que eso es tenerlo bastante claro, ¿no?
-Sólo te estás haciendo el interesante, lo sabes tan bien como yo. Y si no, dime, ¿porqué continuas aquí hablando conmigo? Podías haber cerrado la puerta la primera vez que me has dicho que no.
-Tienes razón, pero quería saber hasta dónde eras capaz de llegar para embaucarme.
¡Embaucarte! ¡Ja! No me hace falta ni mucho menos hacer uso de esos recursos. Me vale con que sé que quieres hacerlo. Y hablando de embaucar... del grupo actual que nos acompaña, ¿ya has olvidado a cuántos de ellos convertiste en bebedores compulsivos?
-Eh, oye, que ya bebían en la plaza antes de unirse a nosotros... además, con eso no vas a hacer que cambie de opinión. ¿Cómo te lo diría? La gente cambia y... bueno, ahora prefiero otra clase de vida.
-Te has pasado a la bebida sana. ¿Es eso? ¡Venga ya! No vayas de remilgado, que no te pega. Ven con nosotros a pasarlo bien. Nos llevaremos algunas botellas, haremos unas cuantas mezclas... vamos, lo de siempre. Va, vente.
-¡Uffff, qué pesado estás! Mira, si salgo al menos un par de horas ,¿me dejarás en paz de una maldita vez? Sé que no te irás hasta que salga contigo, así que...
-Sí, sí, te dejaré en paz. Un par de horas... mmmm... bueno, no está mal.
-Vale, está bien. Mira, son... a ver... son las diez y cinco. ¿Me sigues?
-Sí, las diez y cinco.
-Un par de horas más y ya está. Como mucho hasta... pongamos las doce y cuarto, ¿entendido? Después me iré solo.
-Lo que tú digas, Otis. ¿Pero ves cómo al final querías?
-No tientes a la suerte y vámonos antes que me arrepienta. Esto... a propósito, ¿tengo que llevar algo?
-Tú veras, pero ser el único que va de gorra no está bien visto, ya sabes...
-¿Whisky, entonces?
-¡Éste es mi niño! Ja, ja, ja... ¡Lo pasaremos en grande, ya verás!
-Bueno, salgamos... eh, espera, espera, que me dejo la puerta abierta.
Otis se acercó y cerró la tapa de su ataúd.
Los dos vampiros echaron a volar para encontrarse con sus camaradas y se perdieron en la noche. La plaza, como siempre, ya estaría repleta de gente joven dándole a la bebida. Gente... eso significaba grandes cantidades de sangre para mezclar: whisky con sangre, vodka con sangre, ron con sangre... pero los inconvenientes incluían la paciente espera que se precisaba para desangrar a unos cuantos humanos y llenar varias botellas para la mezcla, y, por si eso fuera poco, las vomitonas y la posterior resaca.
Bien, esta vez Otis iría con ellos, aunque sólo hasta medianoche. A partir de entonces ya se las arreglaría solo. Él prefería la sangre a secas. Morder el cuello, chupar y ya está. Nada más fácil.
Además, estaba harto de emborracharse.

 

 

 

Nombre:

Correo:  
Pais:       
Web       
Votación  Regular Bueno  Muy bueno

 

     VUELVE A LA PÁGINA DE ALBERTO MORENO               VUELVE A LA PÁGINA DE RELATOS DE EL GATO DE HANK

poesía reseñas actualizaciones maestros colabora correo