
Cinco mujeres locas. Ese es el principal nexo de
unión entre los cinco relatos que componen esta pequeña joyita editada
por Lumen. Pero hay más, los cinco relatos pertenecen a otros tantos
escritores norteamericanos (tres hombres y dos mujeres) de los siglos xix
y xx, y se inscriben dentro de la literatura de terror gótica, aunque en
estos relatos se aborde, como el propio título indica, su vertiente
puramente psicológica. En este libro, los oscuros bosques, las casas
encantadas, las apariciones espectrales, dan paso a los no menos
tenebrosos y oscuros recovecos de la mente enferma de cinco mujeres
arrastradas a la locura por distintas causas. En La mancha de
nacimiento (1843) de Nathaniel Hawthorne asistimos al progresivo
enloquecimiento de la bella mujer de un científico fatalmente obsesionado
con la extracción de una minúscula imperfección en el rostro de su
esposa, (je, je, os daréis cuenta de que el amigo Aylmer también
sufre de ciertos problemas psicológicos, no nos engañemos), en un relato
repleto de alegorías y símbolos.
El papel de pared amarillo (1892), de Charlotte
Perkins Gilman (1860-1935) es para mí el relato más estremecedor del
libro, una terrorífica descripción de la locura desde dentro, el
durísimo relato de una mujer sometida a un tratamiento que en siglo
pasado tuvo cierto éxito, la "cura de descanso" del doctor S.
Weir Mitchell, que consistía básicamente en una completa inmovilización
del paciente, evitándole cualquier tipo de esfuerzo mental, una cura a la
que fué sometida la autora con motivo de una depresión postparto.
Resulta, a mi modo de ver, magistral la manera en que la autora describe
las progresivas sensaciones de la protagonista. Un terrorífico
descubrimiento. La autora envió el manuscrito del relato al doctor S.
Weir Mitchell, y éste le contestó que la lectura del relato le había
convencido de la necesidad de cambiar el tratamiento.
Una rosa para Emily (1930) de William Faulkner (1897-1962),
quizás sea el relato del libro que más se acerca a los cánones
tradicionales del terror gótico, en este caso en su vertiente del gótico
sureño, con muchos puntos de contacto con Edgar Allan Poe. Una vieja y
aristocrática dama sureña, última representante de una dinastía
acabada, a la que solamente le queda su orgullo, su dignidad, una antigua
mansión ruinosa y un criado negro, último vestigio de su poder
esclavista, fiel hasta los más horribles extremos. No vamos a desvelar
aquí el final, uno de los más horribles y sorprendentes del libro. Un
gran relato.
Repetimos tema, los últimos y decadentes coletazos de una estirpe
aristocrática venida a menos, en Clytie (1941), de Eudora Welty
(1909-), otra destacada practicante del "gótico sureño". Toda
una familia entregada a la locura y al alcohol en un tenso y duro relato.
Y por fin, Miriam, de Truman Capote (1924-1984), el relato
más contemporáneo de todos, situado en Nueva York, en una
demostración de que la locura, la soledad y la desesperación no son
patrimonio de mansiones siniestras y sombríos pueblos, sino que pueden
anidar en un modesto apartamento de un bloque de pisos de una gran
ciudad. ¿Una alegoría sobre la terrible soledad y desamparo de los
ancianos en las grandes ciudades?
Para resumir, cinco magníficos relatos que se leen en un suspiro (y en
unos cuantos estremecimientos de terror), un apetitoso bocado para todos los
buenos aficionados a la literatura de terror gótica, cinco terroríficas
visitas a los más oscuros recovecos de la mente femenina. Altamente
recomendable.
Andrés Moreno Galindo