Salir de la depresión en la noche es una tarea casi imposible de realizar; desde que me llevaste a bailar hacia la más absoluta oscuridad, mi alicaído cuerpo rechaza el contacto con cualquier textura que no sea la tuya, dando vida, y muerte instantánea, a unas ronchas que no son más que una prueba inequívoca de la terquedad de mi alma y mi corazón, y que carcomidos por la sombra de mi dolor, escupen sangre mientras esperan tu mil veces postergado regreso al lecho aquél, tan terso, que compartimos en ese lejano atardecer de otoño.
        Ese café que me preparaste, era tan agrio, que mis venas bien pudieron haberse hinchado de tanta desazón; pero era tan dulce, sí, tan dulce que un extrañísimo sentimiento de ternura se apoderó de mí. De verdad era tan dulce como tu cara, tu sonrisa, y esos misteriosos ojos color sufrimiento que tanto amé... Tan dulce como tu cerebro manipulador, tan macabro y maldito que lograba, de alguna manera, hacer que pregonara mi insano y disfuncional amor a viva voz para posteriormente matarlo con la simpleza de tu indiferencia. Y ahora sólo me queda decir que te amo como nunca amé a nadie, pero que te odio de una forma tal, que nada más puedo hacer que vociferar mi locura permanente para ver si logro hacer aparecer algún atisbo de piedad en tu cara; porque simplemente, no puedo contra ti.
        Felicitaciones, degollaste la pasión.


                                                                                                                         Marzo del 2000

Nombre:

Correo:  
Pais:       
Web       
Votación  Regular Bueno  Muy bueno

 

     VUELVE A LA PÁGINA DE FERNANDO GONZÁLEZ               VUELVE A LA PÁGINA DE RELATOS DE EL GATO DE HANK

poesía reseñas actualizaciones maestros colabora correo