Nuestra naturaleza violenta nos precede.
Entre guerra y guerra, el ser humano, guiado por esta naturaleza, camina decidido hacia su autodestrucción. Tal como están las cosas, esto que os cuento es posible que haya ocurrido desde tiempo inmemorial. Por tanto, si nadie pone remedio, seguirá sucediendo.
Puede que, sin saberlo, esté pasando ahora mismo…en algún lugar...
El futuro se antoja oscuro y desolador.

El profesor asintió en silencio permitiendo que Cris, sentado en la ultima fila, se levantase. Excitado, el muchacho obedeció abandonando casi de un brinco la silla. Caminó a lo largo del pasillo limpiándose las manos en su manchada bata, que flotaba sobre sus delgadas piernas a la altura de las rodillas, arrugando su infantil rostro en la traviesa y decidida mueca que suele encubrir alguna perversa intención…
Cogió una de las tizas agrupadas en la mesa del profesor y esperó con impaciencia escuchar su autoritaria voz.
-Adelante -. Ronco y cavernoso, el registro de voz del hombre retumbó en el diáfano espacio del aula.
El chiquillo eligió a su victima, un recién llegado embutido como todos los demás alumnos entre el rígido respaldo de la silla y el canto de la mesa mientras balanceaba su cortos piececillos, y lanzó la tiza con fuerza hacia su cabeza. El proyectil voló a gran velocidad y el impacto fue violento. El niño agredido, gritando y llorando como un poseso, se llevó las manos a la cabeza frotándola con intensidad.
- Eres tonto. ¡Tonto! -. Tom vociferaba con la estridencia propia de un chico de corta edad envuelto en el dolor y, sobre todo, en la incomprensión.
El resto de chicos y chicas permaneció inmóvil, sin apenas pestañear, observando la escena con el despreocupado interés de quien ha vivido situaciones similares.
- Te vas a enterar... -. El chico apartó las manos y descubrió el pequeño y enrojecido bulto que había nacido en su frente como consecuencia del golpe. La expresión de su cara, congestionada por el enojo, prometía una inminente venganza. Se levantó empujado por la firme decisión de hacerle daño, pero la voz del profesor interrumpió su propósito.
- Exacto, eso es. Así es como uno se siente… -. Bajito y algo entrado en carnes, el señor Hostins palmeó sus rechonchas manos al tiempo que soltaba una seca y estertórea carcajada que pareció un rebuzno, mostrando su lógica reacción ante la satisfacción de haber cumplido una vez más con su deber de educador eficaz. Se acercó a Tom, interponiéndose en su camino hacia el sonriente Cris, y le puso las manos sobre los hombros. Las yemas de sus dedos notaron el temblor con el que estos cargaban -. Esto es odio, Tommy, la emoción más pura. ¿ Habías experimentado una sensación tan intensa como esta…?
Tom luchó con lagrimas en los ojos para ver por encima del hombro del profesor, pero su corpulencia tapaba la delgada estampa de Cris retorciéndose de risa.
Al darse por vencido, se limitó a relajar el cuerpo y negar con la cabeza.
El señor Hostins frotó cariñosamente el pelo de Tom con una de sus manos y después exploró con cautela el chichón del chico, que echó la cabeza hacia atrás para evitar el contacto.
- Tienes razón, Tommy. Nunca lo has experimentado... -. El profesor condujo a Tom hasta su asiento y mandó a Cris que ocupara el suyo. Mientras este se dirigía a la ultima fila dedico una mirada llena de odio que perforó la espalda de Tom. El resto de alumnos tambien volvió la cabeza al unísono hacia el, la maldad y el rencor emergiendo de sus ceños fruncidos y sus enigmáticas sonrisas -… pero muy pronto aprenderás todo lo que hay que saber sobre él…
Lograr encajar en un nuevo colegio era tarea difícil. La ardua empresa de hacer amistades y el lento proceso de integración siempre estaban presentes en su vida, haciéndole sentir como la pieza sobrante de un puzzle. Su timidez suponía un escollo casi infranqueable a la hora de trabar amistad con otros niños de su misma edad, y aquel obstáculo se agravaba a causa de la tendencia nómada de sus padres, quienes no lograban asentarse en un lugar determinado durante más de un año.
Quizá la hora más traumática para Tom era la del patio. Todos los chicos de su nueva clase no escondían su naturaleza hostil ante la novedad que él representaba, y cuando salían a jugar se cerraban en herméticos grupos, pequeños acorazados que repelían su intrusismo. De vez en cuando dirigían su atención hacia su persona, pero luego volvían a aglomerarse en torno a si para reírse de él. En verdad, parecían una secta.
Hacía una mañana soleada y, como en las anteriores escuelas a las que había asistido, Tom permanecía sentado en un rincón de la pista de juegos, con sus piernas pegadas al pecho y las manos entrelazadas sobre ellas, mirando absorto hacia ninguna parte en realidad. Cada vez que se aventuraba a tocarse el chichón, la cara le abrasaba de dolor y sentía el irreprimible impulso de pagar con la misma moneda a ese desdichado.
El profesor Hostins, resguardado entre las oscuras sombras reinantes en el interior del edificio, se le acercó con sigilo.
- ¿No vas a jugar con tus nuevos compañeros, Tommy?
Tom alzó la cabeza algo compungido ante la severidad del tono de su voz. El hombre mantenía unidas las manos en la espalda y la cabeza erguida oteando la pequeña extensión de terreno que hacia las veces de patio, donde los niños y las niñas gastaban parte de su inagotable energia corriendo de un lado a otro y, en definitiva, divirtiéndose entre risas.
- No me quieren… -. Tom arrugó el rostro en un mohín de disgusto, sus ojos se humedecieron al borde del llanto y se recogió todavía mas, bajando la cabeza y apretándose contra sí mismo hasta quedar como un ovillo.
- ¿Estás seguro…? Mira, por ahí viene Cris...
Tom desenterró su cabeza de entre los brazos y observó con recelo como se aproximaba el chiquillo. En mitad de camino se detuvo y le hizo señas para que se uniera a ellos.
- Escucha. Lo que ha pasado hoy en clase es una especie de rito de iniciación para todo el que viene de fuera, así que no se lo tomes en cuenta. Es un buen chico -. El profesor agachó la mirada directamente a ojos de Tom -. Sé que te sientes solo y necesitas hacer amigos… Anda, ve y pásalo bien.
Tom pareció animarse. El brillo de sus ojos se encendió como un mechero al que se le acabara de arrancar una llama durante una noche ventosa. No obstante, mientras veía que abandonaba su retirado escondrijo, una maligna sonrisa cruzó los labios del señor Hostins.
Tom se apresuro en acudir a la llamada y partió corriendo a su encuentro. Cris mantenía una de sus manos cerrada en un tenso puño que descargó sobre la cara de Tom cuando este llegó a su altura. El inesperado golpe lo lanzó hacia atrás e hizo que besara el suelo. En la caída, sus brazos aguantaron el peso del cuerpo y evitaron que se diese un cabezazo contra el suelo, retorciéndose a continuación sobre la cementada superficie a causa del dolor.
Tras ello, Cris se dedicó a propinar una serie ininterrumpida de puntapiés castigando sus vulnerables costillas mientras Tom, desde el suelo, intentaba encogerse para mantener alejada esa parte del cuerpo de los efectos de sus peligrosas y contundentes patadas. Los demás niños desatendieron el desarrollo de los juegos que hasta entonces les habían mantenido ajenos a todo, y se abalanzaron arremolinándose alrededor de la escena, mostrando un talante curioso pero sin intención alguna de mover un músculo por detener la desigual pelea y auxiliar al herido.
Las patadas dejaron de conformarse con dañar las costillas de Tom y se centraron en otras partes de su cuerpo, impactando ante todo en las extremidades que él utilizaba para proteger la vulnerabilidad de su cabeza y tronco.
El señor Hostins llegó a la escena con absoluta tranquilidad desde su sombrío retiro, y acabó por separar a Tom de la salvaje acometida de Cris, dominado por un rictus de odio que desfiguraba su infantil cara. Su acción sirvió para que la aniñada masa de espectadores que seguía el bochornoso espectáculo clamara un grito de protesta en contra de la actitud que había emprendido. Sin embargo, un cortante gesto del profesor hizo cesar su unánime recriminación y provoco la desmembración del grupo, que se dispersó entre gritos sofocados y confusión hasta ocupar todo el campo de juegos. Cris permaneció inmóvil mientras el señor Hostins ayudaba a Tom a tenerse en pie, cosa que este consiguió limando sus reservas de energia disponibles tras el castigo. Entre sollozos, Tom cargó su rencorosa mirada sobre la frágil estampa de Cris y encontró fuerzas donde antes solo había una mal llevada debilidad, removiendo con violencia su enervado cuerpo entre los brazos que le sujetaban.
- Eres odioso, Cris... ¡ Te odio!
El profesor volvió a reírse lanzando al aire sus rebuznos. Cris se unió a ellos y el coro resulto aterrador.
- Excelente, Tommy -. El señor Hostins continuó riéndose mientras contenía con su brazo las embestidas de Tom -. En verdad eres un alumno aventajado. Vamos, acompáñame a la enfermería -. Lo levantó del suelo, Tom hendiendo el aire con sus pataleos y llenando su boca de insultos, y abandonó la zona de ocio cargándolo como si fuese una maleta.
Mientras Tom se alejaba paulatinamente del patio, vio, impotente, la inocencia con que Cris se incorporaba a jugar con los demás, como si no hubiese ocurrido nada.

La recuperación de Tom fue mucho más rápida de lo que cabía esperar. Sus padres anduvieron algo desconcertados ante las explicaciones que recibieron por parte de la escuela, pero estuvieron demasiado obsesionados por ofrecer a su hijo los mejores cuidados como para insistir en sus pesquisas.
Las heridas de Tom acabaron por cicatrizar, aunque en secreto mantuvo anidada de forma latente una pequeña semilla de rencor hacia Cris. No olvidaba lo que había padecido por su causa y, ante sus ganas de regresar y saldar cuentas, apoyó la versión que había dado el colegio, colaborando en el encubrimiento de la verdad y en el definitivo convencimiento de sus padres, quienes consintieron su vuelta a las aulas.
Acabado el periodo de convalecencia, Tom volvió a la dinámica de las clases en medio de una calma tensa flotando en el ambiente. El recibimiento a su llegada no fue en absoluto caluroso. Cris, por su parte, parecía encabezar la bienvenida martirizándolo con todo tipo de humillaciones. No obstante, en esta ocasión Tom prestó más atención a la actitud mostrada por el resto de sus compañeros, que antes le había pasado inadvertida. No veían con buenos ojos la presencia de un chico que se resistía a amoldarse a su cerrada manera de ver las cosas. Así, sus inexpresivos rostros, teñidos de una irracional animadversión, parecían confabular permanentemente entre sí la mejor manera de quitarle de en medio.

- Como conclusión - explicó el señor Hostins en una de las clases que había repetido desde el comienzo de los tiempos y en la que, sin embargo, continuaba poniendo la misma pasión que entonces -, podemos decir que el odio, chicos y chicas, ha movido la historia, ha hecho avanzar el mundo tal y como lo conocemos hoy. La evolución del hombre se ha basado en la soberanía del fuerte sobre el débil… pero desnudemos esa afirmación y veremos que todo se reduce a una cuestión, el enfrentamiento de unas personas con respecto a otras movidas por el odio. Finalmente, y como consecuencia de la guerra, la balanza se inclinaba hacia la supervivencia del mas fuerte…
Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing. Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing.
El sonido del timbre indicó el final de la lección y, en respuesta a él, los alumnos salieron en bandada al patio.
- Tommy, espera un momento -. La clase había quedado vacía y solamente se oía el rumor apagado de los gritos provenientes del exterior -. Antes de que te vayas, quisiera proponerte un ejercicio… considéralo un refuerzo a tu formación… -. Se aclaró la garganta y envaró su corta estatura -. Quisiera que sintieses odio hacia otra persona y actuases en consecuencia.
Tom consideró la propuesta sin acabar de comprender.
- ¿Cómo debo…? - preguntó.
- Simplemente sigue tus impulsos, Tommy. No los reprimas. Actúa. Lo llevas dentro de ti, pero todavía no lo sabes.
Tom desvió su mirada hacia la ventana y luego mas allá, hacia los niños que jugaban ociosos en el patio.
- Sé que puedes encajar aquí y ganarte el respeto de todos tus compañeros. Si no me crees, mira a Cris. Ha aprendido a odiar y, lo que es más importante, a entender que el significado de ese odio no se limita a una mirada de rechazo o a unos cuantos insultos, sino a algo mas…, ¿ entiendes?
- Dicho así, no sé… - balbuceó.
- Escucha un momento -. El profesor pareció meditar. Arrugó su despejada frente, pensativo, frunciendo el ceño -. Creo recordar… si, creo que era el… se educó aquí hace ya tiempo… un crió apocado y bobalicón… bien, resulta que entró en esta escuela igual que lo has hecho tú, no sé si me entiendes… muy tímido él, reservado… ah, y eso sí, tan inocente que se le podía moldear como a un trozo de plastelina. Recuerdo que venia de Europa… Austria, si no me equivoco, aunque hace ya tanto tiempo… bueno, parece que me estoy desviando del tema. El hecho es que este chico debía tener un enorme letrero, "blanco perfecto para bromas pesadas", escrito en la frente. No, no te rías, que es verdad. No había un sólo día en que no le hicieran alguna trastada… sí, todo lo que te puedas imaginar y más… Sobre todo había un chico judío que no paraba de molestarle. Un día vino a pedirme ayuda, y le dije lo mismo que te he dicho a ti. Lo mejor es que me entendió enseguida, tal era su odio… oh, sí, qué orgulloso estaba de él… ¿ sabes lo que hizo?
Tom negó con la cabeza, concentrado en la narración.
"!Se encargó de él, vaya si lo hizo! Tendría tu edad, más o menos, cuando le voló al judío la tapa de los sesos con una pistola. Sí, sí, has oído bien. No me preguntes como la consiguió. No tengo ni idea. Tuve que darle un tirón de orejas porque aquí no se pueden utilizar armas, sólo los recursos que hay en la escuela… Bueno, después de eso se ganó el respeto de todos. Salió de esta escuela habiendo aprendido mucho con mis lecciones, y regresó a Europa… tengo entendido que fundó un partido, el nacional-socialista, y el resto es historia: régimen dictatorial, genocidio, campos de concentración … no sé si te suena algo de todo aquello, pero la verdad es que lo hizo bien -. Sonrió, una maliciosa sonrisa -. Consiguió poner a todos en vilo en aquella guerra… ¿cómo la llamaban…? Ah, sí, la Segunda Guerra Mundial.
"Seguí todos sus movimientos. De vez en cuando recibía alguna llamada suya contándome cómo estaba la situación, abierto a recibir consejos… por supuesto, no podía negarme. Había sido uno de mis niños más sobresalientes…
- ¿Y qué le ocurrió?
- ¿Que qué paso? Buena pregunta. Si te digo la verdad, no lo sé. Le perdí la vista cuando fracasó en el intento… Pero no hablemos mas de él. Lo digo porque no ha sido el único, ¿sabes? He recibido a chicos con talento desde… uff, hace tantísimo tiempo… romanos, bárbaros, árabes y tantos otros… y los he preparado a conciencia. Pero, ¿ sabes cual ha sido mi mayor logro? ¿No? Pues ver crecer a mis alumnos por todo el mundo. Es lo máximo. He seguido todas las guerras que han desatado… ahora mismo estoy siguiendo el terrorismo a escala mundial… me da tantas alegrías… -.Se aclaró la garganta -. Mira, lo que quiero decir es que veo en ti tanto potencial como en ellos. Se trata del aquí y el ahora, y eres tu. Puedes llegar lejos, pero reacciona.
Tom asintió. El señor Hostins posó una mano sobre su hombro en gesto fraternal, y esta vez el chico no rehusó el contacto -. Cris es tu enemigo. Haz lo que debas hacer.

De ahí en adelante, cada una de las clases impartidas por el señor Hostins provocó que la astilla del odio se hundiese un poco más en su corazón. A medida que transcurría el tiempo, Tom notaba con mas claridad que algo muy dentro de él se estaba transformando. Desconocía la magnitud de los cambios producidos, pero ya no era el chico inocente que había engrosado la lista de alumnos de la escuela. Su mirada se había endurecido, vacía y ausente como la de un cadáver, y hacía pasar el tiempo hinchándose de rencor y almacenando malignos pensamientos centrados en Cris.
Cuando creyó estar preparado se levantó en medio de clase, fue hasta la mesa donde se sentaba Cris y se limitó a mirarle a los ojos con la dureza que había adquirido a fuerza de ver tantas desgarradoras imágenes de violencia y salvajismo como resultado del odio entre las personas. Sentado, Cris le sostuvo la mirada devolviéndole su fría expresión con la fidelidad que seria capaz de hacerlo un espejo. No intercambiaron palabra alguna durante el tiempo que duró su pulso. Los dos sonrieron y Tom volvió a ocupar su lugar en la clase. Aun hirviendo de odio, Tom no había perdido su nobleza y había decidido no jugar con ventaja atacando por sorpresa.
Pero había ocurrido. El desafió se había consumado.

Mas tarde, Tom registró el patio y no encontró a Cris. No había escondrijos (que él supiese) donde ocultarse, pero le inquietaba admitir que Cris podía muy bien conocer los rincones más oscuros de la escuela y urdir su maquiavélico plan arropado en sus sombras. Con todo, los demás niños no habían perdido sus ganas de diversión. Extendiéndose por toda la zona de juegos en pequeños grupos de cinco o seis unidades cada uno, se entretenían compitiendo a las canicas, saltando a la comba, bromeando mientras jugaban al escondite y entregándose a la distracción y el placer de pasar un tiempo al aire libre. Tom se mezcló entre la dinámica multitud, sorprendido de comprobar la naturalidad con que se empleaban en sus respectivos pasatiempos. Se le hacia difícil asimilar que no tomasen partido ante lo que habían presenciado, pero sospechaba que Cris tenia mucho que ver en su actitud. Además, sabía que llegado el momento ofrecerían su apoyo al mas fuerte. Siempre vencía el más fuerte...
Rodeó el solar en que se situaba el colegio, delimitado por una valla perimetral, y registró las aulas sin resultado. Así y todo no se fiaba. Rebuscando en su bolsillo, Tom sacó y empuñó la solidez y dureza de la piedra que guardaba en su interior. Era una piedra que abarcaba la palma de su mano, un bulto descarado, pero tenia la suerte de contar con que la holgura de su bata, una o dos tallas por encima de la suya, podía disimular su volumen. Un buen golpe con ella bastaría para aturdir los sentidos de Cris y hacerle recelar de sus posibilidades. Las dudas que pudiese despertar en él eran ahora sus mejores aliadas.
Resguardado en las sombras arrojadas por los árboles de la entrada a la escuela, Tom retornó a la luminosidad del patio. Allí no solo fue recibido por una almohada de calor apretada contra el rostro, sino tambien por un latigazo en plena nariz. Notó el feo chasquido que produjo al fracturarse y el tibio roce de la sangre derramada resbalando sobre su piel. Trastabilló hacia atrás sin acabar de caerse, lo cual hizo, doblado de dolor, tras encajar un nuevo golpe en el estomago.
- Bienvenido otra vez -. Cris lo agarró del cuello de la camisa y la bata con ambas manos y lo llevó arrastrado hasta el centro de la pista. El coro de alumnos volvió a cerrarse en un nutrido grupo de espectadores, mudos ante lo que acontecía.
En medio de su mareo, Tom maldijo la ruindad y cobardía con que se empleaba Cris, reconociendo a regañadientes que un ataque por sorpresa era capaz de sustituir al plan mas elaborado.
Cris lo puso boca arriba y, sentándose en horcajadas sobre él, llevó sus dos manos al cuello de Tom y comenzó a apretar con fuerza inclinándose hacia adelante. Desde su desfavorable posición, Tom luchó por liberarse con sus propias manos de las tenazas que cortaban su respiración, pero la falta de oxigeno empezó muy pronto a pasarle factura. Tosió, arqueó el tronco y pataleó con fuerza, aunque Cris permanecía firme como una roca encima de él. Su nublada visión contempló entonces horrorizada la maldad pura contorsionando las pueriles facciones de Cris, una máscara tensa y sonriente, mientras oprimía su tráquea, sintiéndose vencedor.
Viendo agotada su vida, Tom echó el resto. Apretando los dientes con la rabia acumulada tras un largo, sufrido y callado sometimiento a la voluntad de Cris, estiró los brazos y empujó hacia atrás su barbilla. Los ojos inyectados en sangre de Tom causaron la duda en Cris, que empezó a echarse hacia atrás y a aflojar su presa. Tom siguió empujando y Cris reculando. Parecía que las sólidas tenazas soldadas a la garganta de Tom se estuviesen derritiendo. Finalmente, Cris apartó las manos del enrojecido cuello de su adversario y se apoyo en el suelo con ellas para no caer hacia atrás.
Tom asestó un puñetazo al ceniciento y sorprendido rostro de Cris y acabó por zafarse tratando de recuperar el aliento. Cris permaneció tendido en el suelo quejándose del golpe que había recibido mientras Tom, entre inhalación y exhalación, se afanaba en sacar la piedra de su bolsillo. Su azoramiento hizo que la piedra se enredase entre sus torpes dedos y la tela del bolsillo, dando tiempo a la recuperación de Cris. Peleándose por extraerla, Tom advirtió que Cris intentaba incorporarse, pero una patada en pleno rostro volvió a allanarlo en el suelo, escupiendo sangre y susurrando maldiciones.
Tuvo que tirar con fuerza, hasta sacar el forro del bolsillo de la bata por el exterior, para recuperar la piedra de su pegajoso abrazo. Se abatió sobre Cris y estampó repetidas veces la piedra contra su ensangrentada cara, empuñándola fuertemente con sus manos. A medida que los golpes se sucedían, el semblante de Cris se nublaba y distorsionaba bajo un espeso velo escarlata. Descargó cada golpe con más fuerza que el anterior y no acabó de machacarle hasta que su rostro no se hubo convertido en una masa informe e irreconocible. Se apartó de encima del ya anónimo y descompuesto rostro, del cuerpo sin vida enfundado en la infantil bata teñida de color bermellón, y se sentó junto a él recuperando el aliento.
Los chicos estrecharon el cerco en torno a él y lo apartaron de la escena. A continuación, se inclinaron en silencio sobre el cadáver de Cris y… Tom no sabía exactamente que clase de ceremonia seguían, pero deseó no haber visto lo que vio. Uno de los chicos abandonó el grupo acercándose a Tom. Tenia un cerco de sangre rodeando su boca y portaba un trozo de carne empapada en sangre entre las manos.
- Cógelo y aliméntate de odio - dijo ofreciéndoselo -. Ahora Cris formará parte de todos nosotros…
Tom lo recibió con manos temblorosas sin disimular su repugnancia. Blando y pegajoso, el trozo de carne se escurría entre sus dedos. Caviló un instante y, tras una breve vacilación, tragó un bocado cerrando los ojos y arrugando la cara del asco que le producía. Escupió la mayor parte y, notando que el estomago le daba un vuelco, vomitó.
- Continua - continuo el chico, inflexible.
Tom probó otro bocado bajo su vigilante mirada y lo asimiló algo mejor, llegando incluso a masticarlo. Ante la insistencia del chico, se envalentonó y devoró los últimos restos.
- Para ti será suficiente por ahora - le dijo. Luego se unió con sus compañeros participando de ese infernal banquete. Se llevó un trozo que le habían pasado a la boca y lo engulló con avidez.
Todavía algo traspuesto por lo sucedido, Tom no logró advertir que aquella pasta digerida entraba a formar parte de su corazón, embruteciéndolo, corrompiendo cada uno de sus latidos…

El profesor Hostins se aproximó desde una espesa neblina, formada en el interior de la escuela, que se desvaneció casi al momento, tras su aparición.
- ¿Estas bien, Tommy? -preguntó. Tenia un brillo acerado en los ojos y dibujaba una torcida sonrisa, descubriendo dos afilados colmillos sobresaliendo dentro de una amarillenta dentadura. Tom forzó la vista y avistó en el un par de protuberancias, escondidas entre su rácana cabellera, que parecían desarrollarse ante sus ojos en forma de cuernos. Le puso una mano sobre la nariz y la lesión sanó, desapareciendo asimismo la hemorragia -. ¿ Te ayudo a levantar?
Tom negó con la cabeza desde el suelo y se irguió por su propio pie. En silencio se limpió la boca manchada de sangre con la manga de su bata y siguió al profesor hacia el edificio de manera automática, mientras su mirada se entretenía en seguir el movimiento culebrearte de la rojiza cola nacida en la base de la columna vertebral del profesor, que bailaba entre sus cortas piernas.
- Creo, Tommy, que el próximo curso sacarás muy buenas notas -comentó precediéndole -. Has demostrado ser un alumno excelente, digno de tu mentor -. El señor Hostins entró en su despacho, sacó un folio de uno de los cajones del escritorio y se lo entregó a Tom -. Ten. Este es el plan de estudios para el ano que viene…
Recogió el papel y secó el sudor de su frente utilizando el faldón de la bata. Realmente hacia calor allí dentro. La sensación era tan abrumadora como exponerse a las abrasadoras mordeduras de una cortina de fuego. Mientras combatía el calor leyó la hoja con atención.

"El curso 2000 - 2001 se dividirá en tres bloques temáticos.
1er bloque
INTRODUCCIÓN PREVIA
Signos aparentes (rencillas, disputas, diferencias). Bases y desarrollo en el ser humano.
La antipatía como sensación precedente.
Descripción del fenómeno.
Ejercicios prácticos.

2n bloque
ODIO
Introducción general. La fortaleza de un sentimiento.
Odio. Síntomas y respuesta a ellos.
La violencia como derivación del odio. Introducción.
Personajes destacados. Estudio del odio y sus consecuencias.
Ejercicios prácticos.
3er bloque
MARCO HISTORICO
Odio ancestral (Caín y Abel, el diluvio universal,…). Estudio y análisis.
Las guerras en la historia.
Ejercicio final y publicación de las notas.

Tom releyó el contenido de la hoja con sumo interés, disponiendo una mirada glacial y contorsionando su semblante en un maligno visaje.
El monstruo en que se convirtió el señor Hostins probó entonces la predisposición de su nueva creación.
- Tommy - dijo-. Me encantaría que te quedaras con nosotros, pero no sé si tus padres lo permitirán si vuelven a mudarse…
- Odio a mis padres- siseó él -. Por su culpa he tenido una infancia desgraciada, sin amigos. Estoy harto de viajar de un lado a otro sin sentido -. Tras ello, dibujó una perversa mueca -. Me encargaré de ellos…
Al oírlo, aquello en lo que se había convertido el señor Hostins relamió de placer su macabro rostro con una lengua bífida, mirándolo como un padre orgulloso, mientras se frotaba las manos. El áspero sonido rasgó el ambiente, un abismo infinito de fuego y tinieblas.
- Profesor Hostins…
- Dime, Tommy - respondió el diablo.
El niño se volvió hacia él con la sonrisa más helada de cuantas había tenido ocasión de contemplar en su eterna existencia. Decididamente, el chico tenía futuro... un futuro oscuro y desolador...
- Tiene razón… creo que subiré mi media escolar…

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