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Me atreví y aquí les anoto diez libros de mi preferencia, no podría decir que los de esta lista sean los que más me han gustado, es muy difícil elaborar un ranking de ese tipo, por lo que opté por un instrumento de medición muy sencillo; anoté los libros que he leído dos veces. Vale decirles, que soy un pésimo lector, generalmente me quedo dormido cuando lo hago, por lo que los escasos libros que he llegado a completar, los he leído en el único lugar donde es imposible dormir; sentado en el trono. Sé que los autores se revolcarían en sus tumbas si lo supieran -aunque estoy seguro que a Bukowski le daría lo mismo-, pero, qué le voy a hacer, entre hedores, evacuaciones y quejidos de alivio, he leído obras magistrales. Éstos son diez libros, cuestionables sí, más de alguien diría que no los incluiría jamás en su lista, estaría en su derecho, pero como todos sabemos, en gustos no hay nada escrito, y por mi parte, les puedo decir que los recomiendo a ojos cerrados. Como se darán cuenta, mis preferencias apenas salen de América, son cinco latinoamericanas, tres gringas y dos europeas.
1- Narraciones
Extraordinarias; Edgar Allan Poe.
Si algunas vez sentí ganas de escribir, fue después de leer los cuentos
del maestro Poe. Una vida desgraciada -se parece a la mía-, vomitada en noches
alcoholizadas en forma de tinta sobre un sucio papel, y sus letras convertidas
en pequeñas joyitas para la posterioridad.
2- Drácula; Bram Stoker
(1897).
No es gran libro, y menos aún, detrás de él hay un gran escritor, pero es
magnífica la escuela que creó a partir de su tenebroso personaje; demás está
decir que es el libro que más versiones a llevado al cine -otro arte que me
deslumbra-. Lo anoto, porque es un clásico.
3- Otra vuelta de tuerca;
Henry James (1898).
Aunque la anécdota no sea de las mejores, este libro está excelentemente
bien narrado, los personajes muy bien definidos y la estructura global, redonda,
donde no se escapa ningún elemento, todo calza perfecto. Una cátedra de cómo
se debe contar una historia.
4- Sub-terra; Baldomero
Lillo (1904).
Este pequeño libro es una condensación de trece dramáticos relatos sobre
una de las profesiones más duras que ha desempeñado el hombre; la de minero
del carbón. Es un poco teatral, pero aún así, es de una belleza social
emocionante.
5- La Metamorfósis; Franz
Kafka (1915).
Todos alguna vez nos hemos sentido un Gregorio Samsa, queridos -y hasta
admirados- cuando servimos, y rechazados por los mismos que nos quisieron cuando
ya no somos de utilidad -es imposible no pensar en el solitario destino de los
ancianos-. Una mirada certera de la fría sociedad humana, que antes, hoy y mañana
actuará de la de la misma cruel manera. Toda la obra de Kafka está llena de
una soledad angustiante, pero a fin de cuentas, totalmente verídica. La
Metamorfosis, lejos, es el relato que más me gusta de él.
6- El Aleph; Jorge Luis
Borges (1949).
Lo leí siendo un adolescente, y quedé fascinado, nunca más un libro de
Borges -y de ningún otro autor de su tipo- pudo absorverme de esa manera.
Fantasía pura e inteligente plasmada en cuentos fabulosos.
"Ficciones" es buenísimo, pero por un valor sentimental, me quedo con
"El Aleph".
7- Cien años de soledad;
Gabriel García Márquez (1967).
Este libro es una virtuosidad de la imaginación de su autor, es fantástica
la inmensa cantidad de abigarradas historias contadas y entrelazadas en una
sola. Una novela que no se olvida jamás. ¿Han escuchado la canción
"Macondo" de Luisín Landaez?, él leyó el libro, y no lo olvidó, eso
se nota.
8- Cartero; Charles
Bukowski (1970).
La desfachatez llevada a la genialidad. Alcohólico e irresponsable -otro
que se parece a mí-, majadero, sucio, flojo, vicioso, pero al fin y al cabo,
dueño de una ternura conmovedora. Este libro cuenta doce años de su vida, de
una vida con sabor a nada, pero paradójicamente atrayente.
9- Crónica de una muerte
anunciada; Gabriel García Márquez (1981).
Es el relato crudo de cómo un pueblo entero, teniendo el poder cada
ciudadano de hacerlo, no puede evitar una terrible desgracia. Una acumulación
de hechos lamentables, fortuitos y encadenados que desembocan en el desenlace
que nadie quería que ocurriera -ni siquiera los propios homicidas-; en el sádico
asesinato de un hombre inocente. No se puede evitar lo inevitable.
10- La casa de los espíritus; Isabel Allende (1982).
Será porque es chilena, y porque la narración descarnada cuenta esa
historia, la chilena, que por añadiduría, es casi la misma para todos los
pueblos latinoamericanos, especialmente para los de más al sur. Es el relato de
hermanos de un mismo pueblo que se odian a muerte por sus diferencias sociales y
políticas, donde la venganza es el norte de sus vidas. Los personajes, aunque
ustedes no lo crean, en las calles de Chile se encuentran a diario todavía.
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