A mis padres y a Alejandra Pizarnik
In memoriam

 

A Sandra
por la amistad, el amor

  

 

                                                   "He cometido el peor de los pecados
                                                   
que un hombre puede cometer. No he sid
o feliz"                                                                                                                                   Jorge Luis Borges

                                          

                                                    "Y sin embargo, aunque cada  uno  trata de escapar
                                               
    de sí mismo como de una prisión que lo encierra en
                                                   
su  odio,  hay en el mundo un gran milagro,   yo  lo
                                                   
siento: “toda vida es vivida”
.

                                                                                        Rainer Maria Rilke
                                                                                            El  libro de la peregrinación
                            

                          

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                       PRIMERA PARTE

 1

             Los sentimientos son inexplicables y la pasión destruye para poseer. En un esfuerzo por conseguir lo imposible, le desabotoné la blusa y comencé a besarla.    De pronto, percibí algo abominable, me detuve y pregunté:

            -¿Qué necesitas?

            -¡Violencia!

            Yerbas y raíces crecieron entre las piedras, el vello púbico resplandeció(Quise cerrarle el paso, la sujeté pero siguió moviéndose.  Un alarido escapó de su boca <<Furcia>> Me acerqué al armario, sentí un zarpazo en la espalda, reaccioné con violencia <<Deberías estar encerrada>> Se calló, respiró hondo y por fin dijo <<Soy tu madre>> Refuté <<Pues ya no lo eres>>) las ninfas entonaron su canto, nos contorsionamos, agua cálida, azahar, corteza de naranjo. Le subí la falda, descendí al origen, comenzó a gemir, se humedeció, lanzó un grito pidiéndome la furia del océano. Fui lamiendo, parando, mordiendo, trazando figuras geométricas que contenían el mundo. Se produjo una eclosión, lágrimas de goce, estremecimiento, un espasmo melancólico, nuestras bocas quedaron entreabiertas, suplicantes (Corrí al cuarto y una excrecencia monstruosa me invadió por completo. Destapé un frasco de seconal, lo vacié dentro de mí el sufrimiento se detuvo:  pequeños pero intensos calambres indicaban que todavía había vida, sirenas, llantos en medio de quejas, un vómito del más allá, otra vez de vuelta al infierno) rodamos al grito, saltaron los cristales y nos separamos en un mosaico sin sentido.En aquella criatura había algo no designado, un silencio lujurioso que me sumergía en la condición de sobreviviente. Nos quedamos abrazadas, yo pensando en mi incapacidad de asumir la apetencia de dos cuerpos idénticos, la imagen frente al espejo y Diana perdida en algún paraje solitario. Finalmente se levantó del sofá, tomó la ropa y pregunté <<¿Te marchas?>> Me dijo adiós con la mano, atravesó rápidamente el salón y a medida que bajaba las escaleras, la opresión en el pecho fue disminuyendo hasta desaparecer por completo.

 2           

            Cerca de medianoche, una mujer de cabellos negros,  pálida, con los ojos oscuros se acercó a mí. 

            -¿Champaña? -preguntó señalando la botella de Dom Pérignon.

            -Un poco, gracias.

            -¿Has venido sola?

            -Sí.

            -Yo también, brindemos por eso -dije acercando mi copa a la suya. Salimos a la terraza y allí, lejos del bullicio, conversamos de las coincidencias en los cruces del camino, de vidas ajenas, del terrible exilio.  

            En el transcurso de la velada le confesé ciertos pensamientos oscuros <<Siempre he sido triste, de niña en las fotos también tengo los ojos apagados. La desdicha ha ocupado el centro desde la infancia>> Entonces, ella afirmó <<Las fotos son un reflejo de lo que fuimos y perdimos, un fragmento irrecuperable del ser... si fotografiara a un hombre me desesperaría que fuera una copia fiel de lo real>>... Respiró hondo y agregó <<Mi gran anhelo es captar las inexactitudes>> Exclamé <<¡Por supuesto! mentiras si se quiere, pero más verdaderas que la verdad literal>> Puntualizando declaró <<Desear se traduce a la imposibilidad de aprehender.Para poseer el cuerpo de otro habría que hacerlo parte de nuestra materia, comerlo. Las pasiones son tendencias que vuelven difíciles o imposible toda determinación de la voluntad por principios.La emoción obra como el agua que rompe un dique, la pasión es un torrente que se hunde más y más en su cauce; la emoción debe mirarse como una embriaguez, la pasión es un delirio que fermenta las ideas>> La miré unos segundos y después aseveré <<Una mujer enamorada no tiene una pasión, es la pasión misma. El deseo nos quita la facultad de disponer de la razón, nos atormenta como a una víctima.De hecho a los grandes apasionados se les suele comparar con los dementes>> De inmediato preguntó <<¿Qué ocurre con el alma? ¿quién puede calmar la cólera del mar?¿es posible tomar decisiones racionales en un mundo en el que todo lo que sucede es resultado de fuerzas ciegas, naturales y casuales?>>... Diana que poseía la rara virtud de escuchar, explicar y al mismo tiempo profundizar en un tema, continuó la dialéctica durante horas. A las cinco de la madrugada nos fuimos de la fiesta. Buenos Aires estaba semidesierta, los obreros todavía dormían su pequeña muerte. No lejos del puerto, vimos a  tres borrachos. Gritaban, daban voces que parecían lamentos; de improviso se callaron y apareció una mendiga con dos bolsas llenas de huesos. Uno de los  hombres se levantó y le preguntó <<¿Señora marquesa adónde va con tanta prisa?>> todos se rieron. Ella se detuvo un minuto, les contestó <<Hijos de puta, mal nacidos>> luego prosiguió su camino. Nosotras también nos alejamos del lugar y en la parada de taxis intercambiamos las respectivas direcciones con la promesa de volvernos a ver.  

3        

         Golpearon a la puerta varias veces. Tardé en moverme, no esperaba a nadie. Volvieron a tocar pero con mayor fuerza. A través de la mirilla logré distinguir la silueta de Diana. La luz de las farolas se filtraba a través de las ventanas del pasillo, la mitad de su rostro permanecía iluminado, el resto dormía en las sombras. Entró directamente a la sala y se acomodó en un sillón cerca de la biblioteca. Encendió un cigarrillo, lo fumó echando el humo por la nariz con inquietud silente; en seguida encendió otro, lo apagó llenando el cenicero de colillas. Se mantenía distante, ejecutando un juego indiscernible;  su mente era una habitación oscura, volteándose sobre el centro mismo de la claridad. En seguida se inició una complicidad a través de un diálogo cuidadosamente vacío <<No confíes en la gente, sentenció. Siempre termina traicionandote; la vida carece de sentido porque es solo deseo. Lo mejor es permanecer inconsciente, la ignorancia es sinónimo de felicidad>> ... A lo que contesté <<Es obvio que pensar significa sufrir; ser inteligentes implica ser desdichados, pero la falta de conciencia no basta para proteger al individuo>> Mientras las grietas se iban recubriendo de recuerdos, el temblor de sus labios pobló las islas. Sentimos sed y la saciamos con la cicuta del sexo. En la oscuridad intuí que pronto se iría, no hice nada para retenerla. El placer había caído en la región más nebulosa, turbia y sucia de la memoria. Con el tiempo todo se borraría: abrazos, besos, gritos.  

4 

            Comprendí demasiado tarde que la existencia es un ciclo de dolor o más bien de pequeñas renuncias.  Lo intolerable del sufrimiento procede de la incomprensión de su causa. Si alguien grita <<Fidelidad>> la respuesta es  <<Engaño>>. Me hubiera gustado retrasar la ruptura, colocarle obstáculos al fracaso, evitar una catástrofe. Sin embargo, estábamos allí, una frente a la otra, enfrascadas en una discusión absurda. 

            -¡Deliras¡

            -¡Admítelo de una vez! -exclamé.

            -Estás loca.

            -Mierda, ¿quién es?           

            Una, dos, mil bofetadas, el muro de contención estalló; mi réplica fue <<¡No acepto el reparto!>> Con los puños cerrados le aticé en la boca, en la nariz. Me sujetó de las muñecas y grité <<¡Maldita, suéltame!>> ella respondió <<¡Basta!>> entonces sin reprimir la ira, dije <<¡Mientes!>> a lo que contestó <<¡Eres tú quien se engaña!>> Repasé las últimas semanas amenazas no hay equidad en los senderos solo ortigas para no dejarme pasar campo de amapolas alcé la voz y proclamé <<¡Tienes que elegir!>> enseguida una rabia incontenible me empujó a golpearla de nuevo, se sintió desfallecer, cayó hacia atrás. Mi violencia generó el sin sentido de la violencia, ella debía pagar su culpa, nuestra culpa. No obstante, cuando sus ojos, noche crucial, se detuvieron en mí, intenté abrazarla pero me rechazó. Respiraba de forma agitada al tiempo que tragaba sus propias lágrimas. Le faltaba el aire, hablaba de forma atropellada <<No soporto la duda, los celos. Necesito libertad de movimientos, perseguir no es un verbo sino un vértigo. No indica acción, solo desencuentro, alguien que jamás vendrá>> Mis manos -un arma con la cual avanzar o retroceder- estaban doloridas, eran responsables de los errores, de las caricias. Al alejarme de ese cuerpo tantas veces amado, las luces se apagaron y aunque yo había encendido una vela, solo su llama ardió en mí, bien adentro para que le diera calor al espinazo maltrecho: presagios, correr un poco más, levantar vuelo.                           

5 

            Basta con tener miedo a la desgracia para que tarde o temprano llegue. El viento golpeaba las ventanas y formaba pequeños remolinos de hojas secas. Era el último viernes del mes de junio y yo leía a Pizarnik. Oscurecía, en el fondo se oía “Primero hay que saber sufrir, luego amar, después partir, al fin andar sin pensamientos” y la campanilla del teléfono sonó.           

            -¿Por qué no has llamado? -pregunté.

            -...el trabajo.

            -¡Sí, claro!

            -Piensa lo que quieras -respondió Diana.

            -¡Seguro!

            -Por muchas razones tenemos que hablar.

            -¿Cuándo?

            -Quizás la próxima semana. 

            Colgué el auricular, aspiré profundo y respiré de nuevo. Por unos segundos se agolparon sentimientos contradictorios augurios nefastos no importa mañana el mar devuelve a sus muertos será distinto la última vez ¿recuerdas...? extensión silenciosa ya pasará siempre pedir perdón cardos entre las manos Salí a la calle y tomé un taxi. El coche avanzaba mientras yo trataba de imaginar todo tipo de situaciones para obligarme a reaccionar.     De repente el chofer frenó bruscamente provocando la conmoción necesaria para volver a la realidad. Bajé del vehículo, estaba nerviosa pero pude entrar al edificio y tocar el timbre. Nadie respondió, seguí insistiendo. Esperé unos minutos y en el momento que estaba por irme, se abrió la puerta.           

            -¿Dónde está? -pregunté desafiante.

            -¡Vete!

            -Déjame entrar. 

            Crucé el umbral y fui directamente al dormitorio: cerca de la ventana estaba un hombre, la pieza faltante del rompecabezas.           

            -¡Te odio!

            -¡Vete! -gritó Diana  

            Corrí escaleras abajo, crucé el portal y una vez fuera, vomité. Hice una pausa un enojo de graznidos quietud salga usted de mi vida un golpe en los ojos perdí el equilibrio, tuve que apoyar las manos en un coche aparcado para no caerme. El frío se coló entre los pliegues de la falda y seguí corriendo.

6

            Diana, hija de Zeus me gestó siete meses y cinco días; su vientre fue mi refugio y fuera de él, me sentí expulsada de la vida. Pude haber optado por colocar el rostro entre las manos o mantenerme callada, pero ¿cómo amordazar el rencor dentro de un enorme agujero? Vociferé largas y tediosas palabras <<Pánico, felonía, engaño, jamás o mejor nunca>> 

            - ...sabíamos que no teníamos futuro juntas.

            -Pero nunca imaginé que acabaríamos de esta forma     -repuse.

            -Ya lo sé -dijo aproximándose a mí.  

            La rechacé y en ese instante, me convertí en aire comprimido, un objeto punzante. Los pensamientos iban y venían regresa la rabia oigo su voz espanto-rencor la memoria no era capaz de reconocer el sufrimiento. Ella intentó acercarse de nuevo en tus ojos no hay agua tu boca sabe a pozo sin salida me hice a un lado. Por primera vez quedó indefensa frente al dolor de otro.           

            -¿Me quieres? -pregunté.

            -Sí, pero...

            -Déjame sola -dije en voz baja.           

            Me senté en el bordillo de la acera y miré lo que me rodeaba: coches circulando, bocinas, todo un conjunto de objetos mortificantes. Órdenes y contraórdenes se agolparon  vive descansa lucha muere Los recuerdos se solificaron, se hicieron parte de un manto. Fui descendiendo al último fondo. Y todavía estoy ahí, frente a esos niños poseídos por el silencio.                                  

 7

                 Un hombre metió algunas monedas en una máquina de discos, cruzó varias veces la mirada conmigo y me sacó a bailar. Después nos sentamos en una mesa cerca de la pista. 

                  -Pareces triste -observó.

               -Lo estoy. 

            Sólo era capaz de escuchar mi propio desorden ninguna morada juntar los pedazos desolación habitaciones a la deriva nombres como heridass papel tapiz descolorido una mujer vistiendose a toda prisa afuera siempre llueve me resultaba arduo establecer contacto con los demás, carecía de fuerzas para enfrentarme al drama de otro. Sostenía el vaso con dificultad, estaba mareada los aplausos crepitan el narcótico viene servido en perfecto ritual: cristal hielo conchita de limón vigésimo conteo de veneno y soda clásica crisis diluida en alcohol nada correspondía al momento. La charla sólo servía para hacer más patente la incomunicación.           

            -¿En qué piensas? -preguntó.

            -No tiene importancia.

            -¿Algún desengaño?

            -Quizás.

            -Creo que toda relación amorosa acaba por convertirse en una tregua infernal.

            -Eso depende -alegué. Entre dos personas pasan cosas y a veces el amor no basta.

            -Empezamos a querer en el momento que la pasión se termina -sentenció.

            -Y eso, tarde o temprano ocurre... tengo que irme.

            -¿Puedo acompañarte?

            -Déjalo -respondí y saqué un billete del monedero.            

            Apuré el último trago y una mosca se metió en el cenicero; dio varias vueltas en círculo ahogándose entre las colillas. Me despedí con la única certeza de haber compartido algunas confidencias que no llegaron a tocar lo escondido. A medida que daba un paso, tomaba consciencia de una minúscula piedra en el zapato izquierdo. Me recosté en un árbol pero el vahído se agudizó. Entonces detuve un taxi, subí y balbuceé la dirección de mi casa. Los edificios se movían a gran velocidad, los semáforos eran luces de bengala; traté de reconocer las calles, hice una lista de sucesos un bar el hielo suena beber y beber imaginar que puedo irme desaparecer  y poco antes de finalizar, el coche se detuvo. Salí lentamente, caminé por el vestíbulo del edificio dando tumbos. Me sujeté de la barandilla de las escaleras, subí despacio a la tercera planta y en el piso, traté de dormir pero una sirena sonaba todo el tiempo. A tientas, me fumé un cigarrillo el rostro de los agresores se mezcla con el de los agredidos ¿qué es el conocimiento? vanitas vanitatum polvo viento destructor una depuración de los sentidos  di varias vueltas sin conseguir acomodo. Con gran esfuerzo, pude decir en voz alta <<Algo habrá de ocurrir ¿quién seré cuando deje atrás todo lo que han hecho de mí?>> 

8

            Es precisamente en la confluencia donde se producen los milagros: las líneas inciden, se cruzan y forman un punto instantáneo. En medio de la noche, aburrida de tantos equívocos, salí a comprar unas latas de cerveza.  De repente, apareció el hombre del bar. Llevaba un abrigo viejo, sus facciones eran duras. Nos saludamos sin sorpresa, esbozó una sonrisa y me invitó a tomar una copa. Fuimos al Barbú -un sitio de moda- donde habían pinturas abstractas por todos lados, las macetas contenían enormes helechos y los clientes miraban absortos a la rubia que atendía en la barra.           

            -¿Estás bien?

            -Sí -respondí.

            -¿Qué tomas?

            -Vodka con tónica.           

            Le dí varias caladas al pitillo brotando una gran vaharada de humo. El mesonero vino a tomar la orden y en poco tiempo nos sirvió las bebidas.           

            -Todavía no sé tu nombre.

            -Manuela.

            -Mucho gusto, Félix -dijo estrechándome la mano.           

            Con la mirada, el hombre seguía cada uno de mis gestos; se esforzaba en mantener las distancias, yo fingía no darme cuenta. En la mesa contigua había una mujer que nos observaba, ignoraba quién era pero la odié adelante vieja ridícula ¿qué motivos tienes para juzgarme? muérete  ahora mismo Me levanté y el suelo se inclinó hacia la derecha. Volví a sentarme, saqué un pañuelo de papel, me enjugué la frente las botellas se multiplican como en una galería de espejos y continué hablando.           

            -¿De dónde eres?

            -Adivina.

            -¿Alemán? -pregunté.

            -Se puede decir que sí, vivo en Berlín desde los tres años pero nací en Austria.

            -¿Estás de vacaciones?

            -No -dijo.

            -¿Entonces? -insistí.

            -Estoy trabajando en un centro de investigación clínica.

            -Ah, ¿eres médico?

            -Sí, ¿y tú a qué te dedicas?

            -Escribo para un periódico. 

En un movimiento brusco, giré el brazo hacia la derecha y volteé la copa, extendiéndose el líquido por todas partes. Me apresuré a colocar unas servilletas pero algunas gotas llegaron a mojar el suelo. <<Disculpa>> dije  avergonzada. Yo estaba sumergida en alcohol, había perdido la noción del tiempo, el cuchicheo de la gente se entrometía en nuestra conversación, deseaba gritar silencio chitt a callar pero me contuve. De repente un pensamiento apareció en medio de aquel tumulto de voces. 

            -Tan sólo deseo...

            -¿Sí?

            -Pasar la noche contigo. 

            De inmediato nos besamos y preví un dolor para el cual no estaba preparada. Salimos del bar sabiendo que empezaba una aventura no escrita. En la pensión, el recepcionista pidió el pago por

adelantado y nos dio la llave de la habitación 306. En ella había dos sillas pintadas de laca beige, una percha con una cortina de encajes y tras un biombo de madera, el lavamanos. Después de unos minutos, Félix se acercó, me besó el rostro, su boca exploró esa curva donde el olor a tierra lo inunda todo; me subió el vestido, nuestras lenguas se enredaron en una maraña de sueños y las caricias se hicieron más intensas. Giré mi cabeza hacia él, estábamos indefensos, circundados por las sombras. Aquello era una batalla perdida. Me agarraba, gemía, se contorsionaba, no lograba avanzar. Finalmente se echó a un lado. Ninguno de los dos deseábamos mantener un diálogo dolorido, dejé fluir el silencio y pude percibir el malestar de ambos.           

            -Lo siento -dijo.

            -Suele pasar. 

             Apagué la lamparilla y permanecimos con las manos entrelazadas durante un rato. En la mañana, tomé la ropa de la silla y poco antes de irme, dejé sobre la mesa de noche, una tarjeta con mi número de teléfono.        

 9    

            Las plantas estaban medio secas, la bañera llena de pelos, los cacharros de la cocina sucios. Debajo de la cama había un verdadero universo: cáscaras de naranja, revistas viejas, corchos, zapatos... Me levanté, fui al cuarto de baño sus gestos están cargados de cierta extrañeza ¿cuándo se irá?¿a quién preguntar? me asfixio a los cinco minutos regresé a la cama. 

            -Te ves cansada, ¿cómo dormiste? -preguntó Félix.

            -Mal, tuve una pesadilla. Un hombre me perseguía por un descampado (Tierra sin árboles, transparencia, siempre las mismas injurias,  puños apretados, intento detenerlo) traté de huir pero consiguió interceptarme. En el forcejeo (Retrocede, nadie sufre, es un mal sueño, la sangre se coagula. Veo su rostro, se detiene en mi sexo, la rabia entre las piernas, está violentamente cerca. Muerde los brazos, rasga mis ropas, lo llamo Padre. Ahora se tumba, su peso me aplasta, los pechos queman. Oigo <<Te amo>> Las lágrimas invaden los ojos, la lengua explora, me alimento de su leche. Llega a las zonas subterráneas, el grito es infantil, queja dolorosa. Atrae los muslos hacia él y respiro sus humores. Permanece inmóvil, su mano se cierra al igual que mi vientre, de repente declara <<¡Un día te mataré!>>  yo contesto <<¡Hazlo ahora!>>) logré agarrar unas tijeras (El hombre levanta la cara, empuño el arma. Enseguida una bofetada contra los dientes, patada en la boca, gime, el rostro ya no se resiste, sin fuerzas cae como desprendido de un hilo, se dobla y antes de perder el conocimiento, una herida limpia y certera) y se las clavé en los ojos. Por un instante mi mano percibió la resistencia elástica de sus pupilas, luego un líquido gelatinoso salió de los orificios.           

            Félix se puso de pie, atravesó la habitación en busca de sus pantalones. No podía parar de fumar, se le notaba inquieto. 

            -¿Te has enamorado alguna vez?

            -Tal vez -respondí.

            -¿De quién?

            -¡Qué importa!

            -Vives huyendo de tus sentimientos.

            -No entiendes nada.

            -La única que entiende eres tú -dijo subiendo la voz.

            -Esta discusión es ridícula, déjame tranquila.

            -¿Pero qué te pasa?

            -...disculpa, estoy agobiada. Debo escribir un artículo y la inspiración está lejos.

            -¿Y si no regresa?

            -Déjate de chistes malos.

            -¿Qué tal otro tipo de trabajo?

            -Vendiendo pasteles, por ejemplo.

            -Mira, es buena idea.

            -¡Genial!

            -Hay millones de personas que se pasan toda la vida realizando actividades detestables.

            -Porque están atrapados en la monotonía.

            -¿Sabes?... es extraño pero me gustas.           

   Destapamos una botella de vodka, fuimos a la sala y coloqué el “Requiem” de Mozart. Félix, poco antes de terminar su bebida, dijo <<Regreso a Berlín en una semana>> Nos miramos y sin perder tiempo salió del piso llevándose una dicha legítima. El panorama era patético: las cortinas se agitaban con fuerza, perchas en el suelo, un vaso de plástico vacío y mi cuerpo inerte esperando otra morada.

 10

            El desamor no es tan grave si te esfuerzas en creerlo. Quizás la ruptura con Diana fue un golpe de suerte y evitó mi hundimiento en una desgracia mayor. No podía odiarla pero si podía dejarla de amar. La tarde se había convertido en noche, las luces de la ciudad tenían un aspecto muy tranquilo. Vagaba preguntándome qué significaba la pasión. ¿Una utopía o abstracción inalcanzables? Después de ocho meses de mantener correspondencia con Félix, lo único que deseaba era disminuir el tedio cotidiano y para no perderme en un lugar mal trazado, vertí la añoranza en una hoja de papel.

                    En ciertas épocas uno no elige ocupaciones, sino ritmos capaces de arrancarte del vértigo. En el ámbito sentimental, mi problema siempre ha sido la incapacidad para encontrar ese alguien cómplice, con quien, plácidamente contemplar la vida. La separación física se me hace insoportable, nuestro intercambio de cartas y sus variadas fluctuaciones evidencian los líos que la distancia puede generar. Si reflexionamos fríamente, nuestros encuentros fueron bastante singulares; por lo cual, yo personalmente, ahora no voy a perder la oportunidad de estar a tu lado aunque haya mucha incertidumbre y tengamos diferentes intereses. En el momento que la gente se dirige a sitios distintos es cuando precisamente los caminos coinciden en un mismo punto. El irme a otro país, a pesar de ser una decisión arriesgada, valdrá la pena. Te llamaré cuando compre el pasaje.         

             Eché la carta en un buzón y cansada de tanto andar fui al Barbú. En la mesa vecina estaban varios artistas plásticos discutiendo acerca de las ganancias que habían obtenido con sus respectivas obras. En ese momento miré instintivamente el reloj, y supe que había encontrado un destino.

 

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