
En 1955, Charles
Laughton, genial actor inglés, realizó la que sería su primera y última
película como director, la terrorífica y bella "La
noche del cazador" ("The night of the hunter"), basada en el
libro que publicó en 1953 Davis Grubb (1919-1970), película que resultó un
rotundo fracaso económico, motivo por el cual Charles Laughton ("Nunca
trabajes con niños, ni con animales, ni con Charles Laughton", Alfred
Hithcock dixit) privó al mundo de otras posibles obras maestras y siguió
actuando. Pero para todos aquellos que hemos visto la película, en
nuestra retina quedaron fijadas para siempre la imagen de un inconmensurable
Robert Mitchum en el papel del siniestro reverendo Harry Powell con las palabras
"Amor" y "Odio" tatuadas en los dedos de sus manos y la de
Shelley Winters sentada muerta en su coche en el fondo del río, con su cabello
ondeando en las aguas. Como hemos dicho antes, "La noche del cazador"
estaba basada en la novela homónima de Davis Grubb, el cual colaboró
activamente en la realización del guión. La historia acontece durante los
durísimos años de la Depresión, en América. Ben Harper, un padre de familia
harto de miseria y acongojado por la imagen de niños pobres y hambrientos
vagando por los caminos en busca de algo de comida, asalta un banco y mata a dos
empleados. Herido, tiene el tiempo justo de buscar a sus dos hijos y hacerles
entrega del dinero robado, haciéndoles jurar que no hablarán de él a nadie.
Capturado, juzgado y condenado a muerte, coincide en la cárcel con el
enloquecido reverendo Harry Powell, que intenta de todas formas sonsacarle el
paradero del dinero, inútilmente. Cuando Ben Harper es ejecutado, el Reverendo
se dirige a la casa de la familia de Ben Harper... No, tranquilos, no voy a
seguir destripando esta estupenda novela, quisiera que, como yo, os comierais las uñas página tras página hasta el desenlace de este onírico y ominoso
cuento de niños que debería ser una de las bases de los que pretendan llevar
al lector a una atmósfera de inaguantable suspense. Novela plena de iconos,
simbolismos y metáforas, resulta un ataque despiadado y furibundo hacia la
moral americana. Un reverendo, eterno símbolo de la bondad y el amor, se nos
presenta aquí como la reencarnación viviente del mal y la locura. Entre
nosotros, nada que ver con los bondadosos
pastores que esperan a sus feligreses
a la puerta de la iglesia para interrogarles beatíficamente sobre el sermón
dominical (¡humm, ¿por qué me viene a la cabeza la imagen del reverendo de
"La casa de la pradera"?). Por cierto, os recomiendo a todos los que
decidáis leer "La noche del cazador" que tengáis preparado el vídeo
con la película. Yo estuve dándole la paliza a todos mis amigos hasta que uno
de ellos me proporcionó una copia y pude ver otra vez a Robert Mitchum
acercándose con sus manos tatuadas hasta dos inocentes niñitos...
Andrés Moreno Galindo
Con mi agradecimiento a Montse. Solamente las personas especiales regalan libros especiales
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