La luna... ya murió,
a la luna se le apagó su tenue luz,
con la que amanecía a la noche más oscura,
con la que sonreía y se colaba por el tragaluz,
se le apagó la luz, quedó su cara oscura.

Nos acompañaba bajo la lluvia en nuestras penas,
nos abrazaba cuando dábamos nuestros besos,
su luz era cuanto podía darnos apenas,

ella, luna... inspiración de besos y versos,
ella, libertadora de condenas,
y nosotros de nuestros sueños siempre presos.

¿quién acompañará ahora las noches?
¿quién ahora matará la soledad?
¿quién ahora tendrá de mi alma piedad?
¿quién me enseñará la libertad de las noches?

La luna... siempre comprensiva,
siempre acompañante,
la luna, siempre dolorosa y amante,
la luna, dama misericordiosa y nunca esquiva,
la luna, siempre señora de libertad,
ningún gesto, siempre silenciosa,
nunca te dejará con tu soledad,
... palabras humildes para una humilde diosa.

La luna, que nos hizo llorar,
con la que siempre pudimos compartir
momentos que aún podemos recordar,
y esta noche la vemos partir.

Luna de muerte o soledad,
Luna amante o acompañante,
Luna, ¿y qué más da?
la luna ya murió... sin nadie que le cante.

28-IV-2002

Andrés Quintela

 

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