Limpié el vaho del espejo y, al verme en él, me espanté: el pelo muy corto, unas franjas rasuradas aparecían a ambos lados del cráneo, unos ojos deformes y negros y malévolos que miraban en direcciones distintas y que no terminaban por ponerse de acuerdo. Logré reconocer algunos rasgos de mi antigua mirada en esas dos mazmorras donde cundía la maldad. No era yo el de la imagen pero sí lo era: un rostro irresuelto, un espectro; durante toda mi vida no había sido más que un lobo disfrazado de cordero. Sentí asco de mí. Me odié. Mi cara se transfiguró en una mueca de dolor y mis cuerdas vocales estallaron en un interminable grito de horror.
Horror.
Temor.
Desesperación
Resignación.
Un ser patético y vil.
Un monstruo.
Miles de imágenes surcaron mi mente dejándola desolada. Recuerdos de mi vida, de mi familia, de mi amor y de mi alma asomaban por las rendijas de mi memoria al tiempo que se alejaban para siempre; parecía incapaz de retenerlos.
Seguía gritando.
No terminaban nunca...
Chillidos horripilantes, bramidos espantosos.
Traté de encontrar alguna palabra en la marea de mi sangre y en el discurrir de mis recuerdos y en el dolor de mi alma, pero no encontré nada.
Solamente gritos.
Y bufidos.
E imágenes perdidas y añoradas que se me escabullían sin un ápice de compasión por mi sufrimiento y por la desdicha de perderlas para siempre.
Más alaridos.
Clamaba porque me reconocía sin reconocerme, una sensación aterradora, una visión apocalíptica.
Gritos.
Gritos... sollozos.
Más y más gritos. Más.
De pronto me encontré en posición horizontal. La oscuridad. Todo había desaparecido. Reposaba en una superficie mullida. Me llevé las manos al rostro: la nariz prominente, las cejas pobladas, ¿en qué me había convertido? Desesperado, me levanté y corrí; pero enseguida caí, había tropezado con algo...
Tela.
Sábanas.
Me incorporé y llegué al baño, resollando. Prendí la luz. Me vi en el espejo; todo estaba bien, en su lugar, había tenido una pesadilla.
Muerte en el espejo, pensé, y respiré aliviado.


                                                                                                                      Junio del 2002.

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