Tus ojos huecos postras en el mundo,
Esos vacíos abominables.
Cegada por el silencio absoluto
De tu noche interminable
Y una hilera de dientes
Deja ver tu rostro descarnado
Pero esa sonrisa no advierte
Que la hora ha llegado,
Por eso ríes de los pobres amantes,
Que amor eterno se han jurado
Han derramado su propia sangre
Y han jurado en vano,
Porque el tibio lecho de amor
No tardará en tornarse infame cripta
Y la sábana que les cubrió
Se volverá mortaja fría,
No servirán las palabras de amor eterno,
Pues la muerte verá ante sus ojos
Al joven pudriéndose en el cementerio
Y de la bella novia sus despojos

 

 

 

VUELVE A LA PÁGINA DE DULCE M. PERALTA VUELVE A LA PÁGINA DE POESÍA DE EL GATO DE HANK
reseñas página principal relatos favoritos colabora correo